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La Ruta del Selknam

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La Ruta Selknam ofrece numerosos y significativos puntos de interés que se encuentran directamente relacionados con los nativos Selknam de Tierra del Fuego, también conocidos como Onas, los que poblaron la Isla desde hace más de 110 siglos, de manera que el recorrido propuesto vincula la imponente geografía con la historia y mística aborigen.
La propuesta turística que la Ruta Selknam abarca considera puntos específicos que incluyen el área de la bahía Inútil, con la Roca Marazzi y los corrales de pesca; el lugar conocido como Monte de los Onas –Sitio Tres Arroyos–; y los lugares arqueológicos en Punta Catalina, Dos Marías y Florentina y Lago Blanco. Esta Ruta también considera los libros de Anne Chapman, Los Selk’nam, la vida de los Onas y de Martín Gusinde, Los indios de la Tierra del Fuego. La puerta de entrada a este recorrido es Porvenir, con una viabilidad logística que incluye alojamiento y provisiones en Porvenir y en el paso fronterizo de San Sebastián, de carácter limitado. En cuanto al transporte, los visitantes deben movilizarse desde Punta Arenas, por Primera Angostura o por Porvenir. La infraestructura de caminos es buena, con vías terrestres habilitadas entre los meses de octubre y abril, que hacen posible que el viajero conozca la variedad de parajes australes que esconde Tierra del Fuego. Se prevé la posibilidad de realizar circuitos combinados mar y tierra, considerando la habilitación de Caleta María como puerta marítima de entrada sur, para recorrer desde allí la Isla en dirección hacia el norte.

Los Selknam en Tierra del Fuego

Tierra del Fuego fue durante cerca de 110 siglos la patria de los aborígenes conocidos como selknam u onas, un pueblo de individuos físicamente muy bien dotados, los que con el tiempo alcanzaron una adaptación extraordinaria a las particulares características geográficas y ambientales de un territorio con condiciones rigurosas y extremas. Dichos nativos desarrollaron una adaptación metabólica de temperatura corporal un grado superior a la nuestra y una estatura promedio de 1,80 m, rasgos que facilitaron la vida nómade que necesitaban para subsistir, permitiéndoles desplazarse en busca de los alimentos que condicionaban su existencia, mediante la caza y la recolección de frutos. Entre los recursos con los que contaban, el guanaco resultó ser un animal esencial para su economía, así como lo fue el bisonte para los indígenas de las praderas norteamericanas, brindándoles carne para alimentarse y pieles para satisfacer los requerimientos de abrigo, así como cubierta para las chozas y ciertos usos artesanales. Las chozas de los selknam, vistas como expresión arquitectónica, se sustentaban en una estructura
de ligeras varas que las mujeres portaban durante la trashumancia, como base de una construcción resistente a los fuertes vientos. Esta se completaba con varas más robustas, si es que se encontraban a mano, forradas luego exteriormente con pieles, cortezas y ramas, dejando una apertura superior para la salida del humo y otra, en dirección este, opuesta al viento dominante, para ser utilizada como puerta. Hacia el sur de la Isla se ubicaban las chozas más fuertes, ya que por tratarse de una zona de bosques, contaban con una mayor cantidad de maderos; y al no tener que transportarlos de un lugar a otro éstos se reutilizaban y mejoraban en la medida de las necesidades. ¡Increíblemente llegaron a tener hasta 2,60 metros de altura!

Considerando que se trata de aborígenes cazadores y recolectores, las armas empleadas en la caza eran de vital importancia. El arco, pieza de notable artesanía, y la flecha, objeto de depurado diseño y construcción, son centrales en su patrimonio. De acuerdo con el arqueólogo Alfredo Prieto (2008), la emplumadura del astil se disponía de modo tal que propulsaba la flecha en giro rotatorio, adecuado a un mejor vuelo rectilíneo para lograr una mayor eficiencia en las cacerías.

Los Haruwen

Los selknam conseguían el dominio del territorio mediante la institución del haruwen, el que consistía en destinar a cada grupo familiar la ocupación exclusiva de ciertas áreas geográficas muy
bien demarcadas, relacionadas con accidentes geográficos, como cursos de ríos o precisas señales de la llanura; estos límites eran comunicados de generación en generación y debían ser respetados de manera estricta por las diferentes familias, ya que de lo contrario, una violación a los territorios asignados ancestralmente podía provocar el estallido de disputas entre los linajes.
Las dimensiones de cada haruwen dependían del grado de productividad que éste brindaba, de manera que una zona rica en recursos naturales exigía un territorio de menor tamaño y viceversa.
Cada una de estas áreas era habitada por el linaje correspondiente a un grupo de parientes consanguíneos que por vía patrilineal los unía a anteriores generaciones.
El haruwen también se sustentaba en un argumento espiritual, asociado con el cosmos. De acuerdo con la mitología selknam, Kenós fue enviado por Timaukel para crearlo y repartió a cada linaje una porción de terreno claramente establecida, perteneciente a una unidad mayor denominada cielo. En cada haruwen estaban representados los antepasados bajo la forma de río, lago, monte, pradera bosque, etc, ya que los selknam, al morir escogían transformarse en cierto elemento del territorio, conformando así la tierra y el cosmos. Existían cuatro cielos (shó’on) referenciados por los puntos cardinales a los que pertenecían todos los haruwen. Éstos unidos representaban la totalidad del cosmos y agrupaban a la estructura social Selknam.
Martín Gusinde, sacerdote y etnógrafo austríaco, dibujó un plano de los haruwen a partir de su interpretación de unos datos que le fueron transmitidos de forma oral. De acuerdo con este plano, hacia mediados del siglo XIX los haruwen eran 38 para una población cercana a las 3.800 personas. Según estudios posteriores de la antropóloga francesa Anne Chapman, los haruwen eran ochenta. Investigaciones más recientes de la española Clara García Moro establecen una densidad ocupacional de un habitante por cada 25 kilómetros cuadrados de territorio, cifra que sugiere una población de mil quinientos individuos para toda la Isla. El otorgamiento de las concesiones de tierras por los presidentes chilenos Santa María (1881-1886) y Balmaceda (1886-1891) fue el principio del fin para los Selknam. Las ovejas traídas por los colonos, los “guanacos blancos” para los aborígenes, resultaron ser presas mucho más simples de caza que los
esquivos guanacos, provocando una pugna que terminó en el exterminio de los selknam por individuos perfectamente armados, entrenados y remunerados. Al genocidio se sumó el
confinamiento de los escasos indígenas sobrevivientes en las misiones salesianas de San Rafael y Río Grande, en donde las enfermedades europeas de contagio terminaron por destruir a esta espléndida raza. La última selknam, Ángela Loij, falleció en 1974.

El Hain

La principal ceremonia de los selknam era la del Hain, un rito de iniciación de los adolescentes. Para llevarlo a cabo, los varones se recluían durante algún tiempo en una choza ceremonial, donde
pintaban sus cuerpos y se cubrían la cabeza con grandes máscaras, convirtiendo sus anatomías en la encarnación de un conjunto de seres míticos, sosteniendo así una suerte de representación
dramática en la que los diversos espíritus animaban una historia ancestral y sagrada, reviviendo el tiempo mítico de su cosmovisión. Durante el Hain, los jóvenes eran sometidos a diferentes pruebas. Entre otras, los candidatos debían enfrentar una cacería, que se extendía por varios días, con la que se estimulaba el coraje, la resistencia física, la protección de las tormentas, el manejo del arco y la flecha, el desciframiento de los rastros y la persecución de animales de caza. Un tipo especial de choza estaba exclusivamente destinada a la celebración del Hain. Contaba con un
diámetro aproximado de ocho metros y una altura total cercana a los siete metros. Se levantaban los postes principales, señalando cada uno de ellos una dirección muy precisa, relacionada a
determinados puntos cardinales con sus Shoorts o personajes que encarnaban a los antepasados mitológicos. La entrada se producía entre los postes correspondientes al lado este.
Los postes secundarios cubrían prácticamente la totalidad de las separaciones de la estructura, la que se procedía a cubrir con champas de pasto hasta una altura aproximada de tres metros,
preservando el interior contra los vientos y el frío y a salvo de las miradas indiscretas de mujeres y niños. Los Shoorts eran: Telil (flamenco), shoort del norte; Sheit (lechuza), shoort del sur; Pahuil, shoort del este; Shenu (viento), shoort del oeste; Keyaishk (cormorán), shoort del noreste; Wechus, shoort del sureste; Joichik, shoort del suroeste.

Los sitios arqueológicos

La Ruta Selknam incluye un grupo representativo de los más importantes indicios arqueológicos detectados en la Isla. Su localización dispersa en el territorio vincula la imponente geografía con la
historia y mística aborigen, permitiendo entender la íntima relación que las culturas ancestrales del extremo sur del mundo sostuvieron con sus territorios. El circuito propuesto está presentado en
orden geográfico de norte a sur, pudiendo ser recorrido desde la ciudad de Porvenir en el sentido de los punteros del reloj o libremente, combinando con otras Rutas Culturales de Tierra del Fuego.